Revista Digital Independiente Impulso Cultural |  Número 2 | Diciembre de 2003

 

 

 

 

Cristina A. Arriaga Bribiesca*

 

ABRIENDO PUERTAS

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Y LA PROMOCIÓN CULTURAL

 

 

Responsabilidad. Con esta palabra tan simple pero tan compleja en los hechos, deseo iniciar este espacio de expresión que se me ha concedido en IMPULSO CULTURAL.

 

La gestión y promoción de la cultura va cargada de un compromiso no sólo individual, sino difundiendo entre aquellos que aman lo que son y lo que hacen, en un entorno cargado de significado e identidad. 

 

Vivimos en un contexto social que, fuera de lo político y lo económico, pasa desapercibido para la mayoría,  mas no a  los ojos observadores y críticos de los gestores y promotores de la cultura que asumen este importante rol. Responsables de la transformación de su entorno, de la creación y la recreación misma de la vida, aquellos que sin más arma que la voluntad y una mente ávida por todo, buscan y gestan los espacios de convivencia  bajo una objetivo común: lograr que por todos los medios nos reconozcamos en nuestra máxima expresión, a fin de que podamos ver reflejada nuestra realidad e identidad.

 

Es aquí donde los medios debemos adquirir forma, corresponsabilizarnos en el cumplimiento de esta tarea en forma comprometida, con esta encomienda que nos define y que nos enriquece.

 

Los medios de comunicación privados y aún los públicos, más allá de los intereses diversos que nos mueven y transforman, llevamos de forma implícita un deber con quienes nos hacen, con aquellos que detrás de un  articulo en prensa, un aparato receptor —radio o televisión—  nos mantienen vivos.

 

Es entonces aquí donde retomo el concepto inicial de este escrito: responsabilidad. ¿Hasta dónde seremos capaces los medios de abrirnos a esta nueva experiencia que significa la promoción de la cultura?

 

Los estereotipos pesan, y sin duda a la cultura le ha salido caro el estigma de elitista, y en el pago de este precio, a todos nos ha sido endosada la factura. ¿Cómo promover cultura sin entenderla, cómo difundirla sin prostituirla, vendiéndola a quien ofrezca más por ella?

 

El primer paso es desmitificarla, quitarle de lleno la etiqueta de diosa inalcanzable. La cultura no es cuestión de pesos y centavos, ni de clase social o buen gusto. Es mucho más que corrientes artísticas, sinfonías clásicas o exposiciones plásticas de artistas contemporáneos. Hay que entender pero, sobre todo, vivir la cultura en todo aquello que hacemos, en nuestra forma de ser y de ver la vida. Nuestra cotidianidad también es cultura.

 

Justo aquí es donde los medios debemos hacer nuestra labor, entendiendo primero para convencer después, reconceptualizarndo las cosas, colocándolas de nuevo en el esquema para que puedan ser vistas desde otra perspectiva y abriendo las puertas a lo nuestro, a nuestra gente que tanto tiene que hacer y decir sobre su diario vivir, sobre su experiencia, merced a que pueda multiplicar formas y expresiones a su modo, que finalmente también es el  nuestro.

 

No existen formulas mágicas ni hilos negros sin ser develados. No hay nada nuevo bajo este sol, y sin embargo nos falta mucho por hacer, pero la primera carta esta puesta…

 

 

*Directora de Radio Zacatecas

 

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