Revista 3, Julio-Septiembre 1990

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EDITORIAL


Especial interés ha despertado la inserción de México en el mercado internacional; disímbolas opiniones han surgido de empresarios, líderes sindicales, políticos, universitarios y especialistas en la materia.

La apertura comercial implica, entre otras cuestiones, la adecuación del aparato productivo a las condiciones de alto nivel competitivo, la adopción de nuevas tecnologías y la reestructuración de las formas de organización para el trabajo, acciones que constituyen parte de la llamada modernización económica.

El costo social de dicha modernización no puede recaer únicamente en el sector laboral, ya de por sí bastante deteriorado en sus niveles de vida, sino que debe ser compartido por los empresarios de manera equitativa y proporcional.

Las conquistas históricas del movimiento mexicano no pueden ser borradas de un plumazo en aras de la reordenación económica, deben buscarse fórmulas que permitan avanzar en la consecución del progreso social sin menoscabo de los derechos.