Revista 3, Julio-Septiembre 1990

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Análisis económico
HACIA LA MODERNIZACIÓN LABORAL

Rodolfo García Zamora
(licenciado en Economía, UAZ; doctor en ciencias Económicas
y empresariales, Universidad de Barcelona, España;
coordinador de la facultad de Economía UAZ)


El pasado primero de mayo, con motivo del día del trabajo, el presidente de la república Carlos Salinas de Gortari propuso a los trabajadores mexicanos un nuevo sindicalismo, después de reconocer que el movimiento obrero ha sido factor determinante para avanzar en la estabilidad de la economía y, con ello, en evitar que la inflación ocasionara mayores daños sobre los trabajadores y sobre la vida del país. En dicha comunicación,(1) tras rendirle un homenaje expreso a Fidel Velázquez, "líder de excepción", Salinas de Gortari consideró estériles los conflictos intergremiales y las disputas por el control político de las organizaciones obreras, porque ello no es útil "ni a la democratización del país ni al fortalecimiento de los sindicatos"; invitando a preservar la alianza histórica del Estado con los trabajadores. Finalmente delineó en ocho puntos lo que debe ser el sindicalismo de la modernidad y el cambio para la nación, para la sociedad y para la empresa de los noventa: un sindicalismo fuerte y representativo con capacidad de interlocución; la necesidad de abandonar la estrategia de confrontación de principios de siglo; el establecimiento de las fórmulas de cooperación entre los factores de la producción; la preservación de la alianza histórica del movimiento obrero con el Estado; el respeto a la autonomía sindical desde el punto de vista político sindical; el perfeccionamiento de las relaciones laborales con obligaciones tanto para empresas como para sindicatos, y la clara comprensión y disposición de los obreros para incrementar la productividad.

El planteamiento de Salinas de Gortari sobre la modernización laboral no es el primero que hace sobre ese tema; desde el primero de diciembre de 1988 en que asume la presidencia de la república propone la reforma de la Ley Federal del Trabajo (LFT) para adaptarla a las necesidades del siglo XXI, planteamiento que es ratificado a los dirigentes de la CTM a principios de 1989, al señalarles su compromiso de modernizar el marco legal de las relaciones obrero-patronales, que demandan el presente y el futuro de México: la nueva legislación laboral para el siglo XXI y para el nuevo milenio.(2) A partir de estos planteamientos se desarrolla en México una amplia polémica sobre la necesidad de modificar el marco legal de las relaciones laborales.

Contra lo que pudiera pensarse, el interés por cambiar la reglamentación laboral no es una moda sexenal más, resultado de las extravagancias del presidente en turno, sino por el contrario un requerimiento inaplazable en la estructuración del nuevo modelo de acumulación secundario exportador, mediante el cual se pretende transite la economía mexicana hacia una nueva inserción en el mercado mundial, en base a la modernización de su aparato económico y de las relaciones obrero-patronales.

Se requiere un cambio en las relaciones entre capital y trabajo existentes en las décadas previas. Con la finalidad de reducir el poder de las grandes centrales sindicales tradicionales y el alcance de las relaciones contractuales colectivas en beneficio de una mayor flexibilidad contractual y salarial, presentados como pasos necesarios para iniciar una nueva etapa de acumulación, proceso que ha continuado hasta convertirse actualmente en un debate abierto promovido por el sector empresarial sobre la necesidad de reformar la Ley Federal del Trabajo.(3)

En dicho debate se han manifestado claramente las diferentes posiciones asumidas por los tres sectores involucrados en la pugna por trasformar la reglamentación laboral: el gobierno, el sector empresarial y los sindicatos. Mientras para los representantes del primero como el secretario de trabajo y previsión social Arsenio Farell Cubillas, la nueva LFT no afectará los derechos laborales y habrá respeto a los contratos colectivos y a la planta de empleo.(4) Para los representantes empresariales la nueva LFT tenderá a privilegiar a los trabajadores por su productividad más que por su antigüedad o militancia sindical, lo que llevará al país a un nuevo esquema de relaciones salariales, a un cambio en los líderes y a una nueva actitud del partido oficial para reorganizar su sector obrero. Para los empresarios la nueva LFT debe contemplar la contratación de empleados por horas, con lo cual se creará una nueva clase laboral: la de los eventuales. De acuerdo con la modernización del país, un trabajador podrá laborar dos o tres horas en una empresa y otro tiempo similar en alguna diferente. Se contempla también el regreso al esquema de los aprendices en la industria y en el comercio, ya que la especialización que requieren los trabajadores es cada día mayor, por lo que se puede aprender un oficio en el centro de trabajo con pocos ingresos, pero siempre tendiendo hacia la capacitación personal. "Necesitamos un marco jurídico laboral flexible, que nos haga más competitivos en el exterior, requerimos de una LFT respetuosa del principio de estabilidad en el empleo, pero con la suficiente elasticidad para que las relaciones obrero-patronales se adapten con rapidez a las condiciones cambiantes del México moderno".(5)

El sector sindical, por su parte, representa la parte más atrasada en cuanto a propuestas sobre la nueva LFT y la reconversión. Dividido entre el sindicalismo mayoritario oficial y el sindicalismo independiente, el primero no pasa de pedir una reconversión concertada que no afecte ni empleo ni conquistas contractuales; el segundo, sindicalismo tradicional de denuncia, se ha encargado de proclamar los efectos negativos de la reconversión para los trabajadores sin proponer nada a cambio.(6)

Así, los planteamientos sindicales se caracterizan por su aspecto defensivo frente a los cambios a realizar en la LFT, sin plantear ninguna propuesta alternativa en este sentido. El Congreso del Trabajo manifiesta que no permitirá que la nueva LFT limite o disminuya las conquistas logradas por los obreros mexicanos en más de setenta años de lucha.(7) Planteamiento que es reiterado en el foro sobre reforma a la legislación laboral convocado por más de cincuenta sindicatos independientes, al sostener que no debe modificarse el artículo 123 constitucional.(8)

Frente a la desfasada actitud gubernamental y a la defensiva del movimiento obrero, el sector empresarial muestra un gran dinamismo al plantear en el mes de junio de 1989 su propuesta de reformas a la legislación laboral. Al dar a conocer su iniciativa, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) propone, entre otras cosas, el establecimiento de salarios por hora y remuneración a los trabajadores por tarea realizada, la "flexibilidad" en el concepto de estabilidad en el empleo, la eliminación de paros por solidaridad y el aumento de causales de rescisión de contrato.

Las propuestas patronales, en términos generales, tienden a eliminar trabas legales para que los trabajadores y las empresas concierten de manera directa las condiciones laborales, de acuerdo con las posibilidades y condiciones de la parte patronal. Otras de las propuestas concretas son las de reducir el número de días festivos, eliminar los impuestos a prestaciones salariales como horas extras, aguinaldo y participación de utilidades, continuar con la semana de 48 horas, otorgar la participación de utilidades de acuerdo con la productividad de cada trabajador, realizar los pagos al IMSS y al Infonavit de acuerdo con las posibilidades de la empresa, introducir condiciones para que existan trabajadores de actividades múltiples y mayores facultades para que la empresa resuelva sus conflictos laborales de manera directa.(9)

Frente a la propuesta empresarial, que recupera en gran medida las reivindicaciones flexibilizadoras de las relaciones laborales, planteadas por las organizaciones patronales de los países industrializados, el movimiento obrero nacional reitera su actitud contestataria de simplemente calificar de aberrante y desmesurada la posición patronal en la modificación de la LFT, al pretender alterar el contenido de la Constitución.(10) Para Enrique de la Garza, el movimiento obrero no ha respondido ante los cambios, no ha entendido que el nuevo terreno de la lucha sindical está ubicado hoy en la productividad, lo que significa transitar de un modelo creado por la Revolución Mexicana a uno de corte ofensivo y flexible, cuyas bases fundamentales son el conocimiento y la democracia. La opción más viable la están elaborando, sobre la marcha, los telefonistas y los electricistas del SME, cuyos últimos convenios responden a los ocho puntos delineados por el presidente Carlos Salinas el primero de mayo.(11)

La asimetría entre las posiciones obreras, patronales y gubernamental, no sólo muestra la superioridad empresarial en el debate sobre las modificaciones a la LFT, sino también la indefensión en que se encuentra el movimiento obrero sobre ese tema y frente a la política económica de reajuste impuesta por el gobierno de Salinas de Gortari, que presenta un marcado carácter antiobrero, como lo muestra la estrategia seguida en Altos Hornos de Monclova, en Cananea, la Siderúrgica Lázaro Cárdenas, de despido de miles de trabajadores, en aras de eficientar las empresas paraestatales y acelerar su desincorporación, como una forma de reducir el déficit fiscal y cumplir con los requisitos neoliberales de reordenamiento de la economía mexicana, logrando al mismo tiempo mutilar los contratos colectivos de algunos grandes sindicatos tradicionales de la industria (mineros, petroleros) que en el pasado fueron eje del sindicalismo oficial, que en base a sus pactos con el Estado obtuvieron históricamente condiciones salariales superiores a los de la industria mexicana en promedio.(12) Como un acto de autoridad tendiente a disciplinar el conjunto del movimiento sindical, mostrando que si se mutilan impunemente los contratos colectivos de los grandes sindicatos oficiales, no existe ningún impedimento para que esa mutilación se haga de forma generalizada y más profunda al interior del movimiento obrero del sector obrero empresarial, como ya ha venido sucediendo con los sindicatos de la Ford y la Cervecería Modelo, entre otros.

De esta manera, la flexibilidad laboral en los hechos trascurre más de prisa que en los foros de discusión; los reajustes, las liquidaciones, las revisiones forzadas de los contratos colectivos, y las declaraciones de quiebras acompañadas de miles de soldados como en Cananea, son los canales sobre los cuales en la realidad la flexibilidad laboral penetra aceleradamente en la reglamentación del trabajo, aun antes de que las modificaciones de la LFT sean sancionadas por las instancias legales correspondientes.

Por lo anterior, resulta más apremiante desarrollar una amplia discusión sobre qué es la flexibilidad laboral, cuáles son sus argumentos, cuáles han sido sus alcances en otros países y cuáles sus perspectivas en México. Como una forma de prever cuáles serán sus alcances y el costo social de la flexibilidad laboral que se comienza a implantar compulsivamente en el país, a continuación desarrollaremos brevemente tales aspectos.

El conflicto laboral

Las trasformaciones que se están produciendo en el mundo del trabajo constituyen, sin lugar a dudas, uno de los desafíos más importantes a los que debe hacer frente cualquier opción de izquierda. Es evidente que, en un plano inmediato, es el movimiento sindical el más afectado por estos cambios. Los sindicatos son, en parte, un resultado de la situación laboral que viven los trabajadores y de las representaciones culturales e ideológicas que genera esta experiencia. Por esta razón, la crisis de los sindicatos está en buena medida ligada al actual proceso de cambio de las relaciones laborales.(13)

En la economía capitalista, caracterizada por la separación entre los productores directos y los propietarios de los medios de producción, las relaciones laborales juegan un papel central. Tanto desde el punto de vista de clase como del capitalista individual, la resolución del problema laboral se presenta como uno de los más relevantes aunque no el único, y de su solución depende la rentabilidad empresarial y la "gobernabilidad" del sistema. Desde el punto de vista del capital el conflicto se presenta con una triple dimensión: la distributiva, la de control y la de flexibilidad.(14)

El aspecto distributivo es sin lugar a dudas el más conocido y el que provoca, al menos en apariencia, mayor número de conflictos. Las disputas en torno a salarios y retribuciones forman parte del ambiente cotidiano de nuestra sociedad.

Respecto al control existen varios problemas que tienen elementos comunes. Uno de ellos es el referente al contrato de trabajo, que no resuelva automáticamente el comportamiento que va a tener el trabajador. El empresario debe conseguir que este comportamiento sea el adecuado para sus propósitos de rentabilidad. Con frecuencia se concibe este problema en términos de supervisión. Y de hecho la adopción de técnicas tayloristas para parcelar tareas, para predeterminarlas, para aislar a los trabajadores en sus puestos de trabajo, para construir una jerarquía bien definida sobre los asalariados, ha sido una de las principales alternativas de organización del trabajo adoptadas por el capital. Sin embargo, esta política, como opción que pretende reducir deliberadamente el tema del control al de la supervisión estricta, no es posible en cualquier contexto productivo, ni siempre se ha revelado óptima.(15) Complejidades tecnológicas en unos casos, organizativas en otros, producciones en pequeñas series que frenan la mecanización, son problemas que obligan a adoptar soluciones diferentes a las de las simples parcelaciones. En muchos casos, el capital sigue dependiendo de la iniciativa y buena voluntad de los trabajadores para tener éxito. El tipo de colaboración que se requiere de los trabajadores es distinto según las características del puesto de trabajo. En unos casos, se trata de trabajadores altamente cualificados cuya actividad no puede parcelarse; en otros, de conseguir supervisores fieles, de trabajadores manuales que se enfrenten a situaciones imprevistas. En muchos casos no se trata de supervisar lo "hecho", sino de conseguir que el trabajador tenga una actitud laboriosa y sepa responder adecuadamente a las necesidades de la empresa. Se trata de obtener trabajadores leales, motivados y que hayan interiorizado, al menos parcialmente, los objetivos de la empresa como propios, que se identifiquen en parte con la misma y que estén dispuestos "a cumplir".

Como señala Recio,(16) el tema del control abarca un amplio espectro de estrategias y soluciones organizativas que en general combinan aspectos de acotación y supervisión de la actuación de los trabajadores como elementos que pretenden obtener su adscripción a la empresa. Ello abre espacio a una amplia y variada gama de soluciones organizativas.

La flexibilidad es otro de los problemas clave de la empresa capitalista: el de la realización del modo de producción capitalista. Y afecta al empleo de dos formas distintas. En primer lugar, a través de las fluctuaciones en el nivel de empleo deseado por los empresarios. En segundo lugar, en formas de funcionamiento laboral específicas de determinados mercados de productos. Esta característica tiene especial relevancia al analizar las modalidades temporales de empleo: actividades estacionales, actividades que se realizan en horas determinadas, turnos nocturnos, etc. Se exige a los trabajadores plasticidad para amoldarse a los dos tipos de variaciones para que las empresas sean a la vez flexibles en el mercado de productos y rentables. En cualquier sociedad se requieren actuaciones flexibles para hacer frente a situaciones variables o atender necesidades específicas. Pero es evidente que la variabilidad y la forma de resolverla está relacionada con el marco social al que se enfrenta. Las instituciones capitalistas promueven más variabilidad al no tener una coordinación a priori de la producción, por la obsolescencia de los productos en aras de la acumulación, etc. Siendo evidente que al cargar la variabilidad sobre las espaldas de los trabajadores, el capital trata de preservar sus beneficios.

Control, distribución y flexibilidad se convierten en focos de conflicto, real o potencial. Para los trabajadores, las soluciones que trate de imponer la empresa les afecta en su nivel de consumo, en su autonomía laboral, en las condiciones generales de trabajo, en su estabilidad económica, su reconocimiento social, etc. De ahí que el conflicto aparezca por diversos motivos y adopte formas variadas: huelgas, ausentismo, baja motivación en el desempeño de las tareas, etc.(17)

Para los capitalistas, el problema se enfoca como un problema de "gestión" de un insumo especial. Con ello se enmascara el contenido de un comportamiento político que pretende conseguir docilidad y rendimiento de la fuerza de trabajo. Para la consecución de este objetivo el capitalista puede implementar una serie de mecanismos diversos que conjuntados estructuran el marco de relaciones laborales de la empresa.(18)

Un primer elemento utilizado por los empresarios es la tecnología y los medios de producción a los que se incorpora. Por medio de ella configura la estructura de puestos de trabajo, predetermina ritmos, varía cualificaciones. Sin embargo, hay que señalar que las tecnologías están condicionadas por los contenidos materiales de cada actividad productiva, por lo que ésta se presenta como un condicionante más de la organización del trabajo.

El segundo gran campo de intervención empresarial lo constituye el diseño organizativo. El tipo de jerarquía adoptada, la estructura de los equipos de trabajo, la regulación de las comunicaciones, las pautas de promoción, etc., ayudan no sólo a desarrollar la supervisión sino también a fomentar determinadas actitudes y valores.

Un tercer elemento lo constituye la estructura de retribuciones que refuerzan las prácticas de control y motivación. En este apartado entran tanto las formas de retribución (salario fijo, por horas, por piezas), como los mecanismos de incentivación (primas, complemento de antigüedad, normas de aumento salarial, horas extras), y los complementos extrasalariales (pensiones, préstamos, vivienda, etc.).

Un cuarto elemento lo constituyen las normas contractuales y legales que tienen como principal función la de acotar los derechos y deberes de los agentes que entran en la regulación laboral. El sueño de cualquier empresario es que estas regulaciones sólo recogieran unas normas mínimas de control sobre los trabajadores (puntualidad, disciplina, etc.) y quedaran con las manos libres en el resto de los aspectos (contratación, despidos, cambio técnico y organizativo). De aquí el credo aparentemente liberal de la mayor parte de los empresarios.(19) Las empresas tratan de realizar combinaciones adecuadas de estos elementos con el fin de conseguir un marco laboral adecuado. La historia capitalista muestra que esto se ha conseguido en numerosas ocasiones. Posiblemente ello se deba a que la combinación de elementos diversos que tienen relación con una amplia gama de determinantes (tipo de producto, tipo de mercado, nivel tecnológico, etc.) les concede una notable "densidad" a las soluciones adoptadas y pueden ser presentadas a los trabajadores y a la sociedad como funciones "objetivas", no sujetas a unos intereses particulares.(20)

Es importante señalar que el grado en que estas combinaciones obedecen a políticas concientes es asimismo variable. En muchas ocasiones se imponen inercias importantes y, por otra parte, el grado de autonomía empresarial para adoptar decisiones es variable. Cuanto más amplio es el ejército industrial de reserva (o nivel de desempleo), o mayor sea el poder de mercado de la empresa, más capacidad de maniobra tendrá el patrón. Las grandes empresas pueden incluso dotarse de un ejército de reserva propio fijando unas condiciones salariales diferentes a las de las empresas competitivas. P. Osterman,(21) en un importante estudio sobre las estrategias de las grandes empresas, destaca la existencia de tres grandes tipos de políticas empresariales, a las que llama subsistemas laborales.

El subsistema industrial se caracteriza por el dominio de empleos estables en una misma empresa, empleo al que se accede por unos "puertos de entrada" muy concretos con formación laboral al interior de la misma y con movilidad centrada en la promoción interna.

El subsistema de oficio es peculiar de las actividades en que se mantiene un alto contenido profesional y en el que la empresa no controla directamente la formación de los trabajadores. Está caracterizado por una fuerte movilidad interempresarial y por normas ligadas a las instituciones.

Por último, el subsistema secundario engloba a los empleos inestables, con escasa formación profesional, con retribuciones bajas, con alta movilidad, etc. Desde la perspectiva de Osterman, las políticas empresariales se caracterizan por la combinación de los subsistemas de empleo utilizados con base en combinaciones adecuadas de los elementos anteriores. De ahí que las condiciones de empleo que se ofrecen a los trabajadores estén determinadas de forma importante por las decisiones estratégicas de los empleadores.

La alternativa de la flexibilidad

Tanto en el campo empresarial como en el de los expertos en teoría política, se levantan insistentes voces demandando flexibilidad laboral como medio esencial para resolver los problemas económicos actuales, empleando para tal fin un amplio abanico de medidas.(22)

La flexibilidad constituye un problema relevante y afecta tanto al funcionamiento del propio sistema económico como a los procesos de legitimación del mismo, entendiendo por tales los mecanismos que conducen a una parte importante de la población a considerar aceptable, y hasta deseable, un determinado sistema social.

Todo sistema productivo puede ser juzgado desde una doble perspectiva: en términos de equidad y en términos de eficiencia. Desde el punto de vista de la equidad, se juzga a los sistemas productivos según la participación que tienen los individuos y los grupos sociales en el proceso productivo y la cuota de producto que reciben. Una gran parte de los conflictos sociales tienen relación directa con este problema, y en ellos juegan un papel importante las apreciaciones que tienen los distintos grupos sociales sobre la "justeza" de la distribución imperante.(23)

La eficiencia se relaciona con la capacidad que tienen los sistemas productivos de suministrar bienes en cantidades y calidades suficientes para satisfacer las necesidades sociales, así como por su capacidad de "gestionar" los recursos naturales. En la medida que los sistemas evolucionan, se trasforman las estructuras de necesidades y con ellas los criterios de valoración de la economía.

La importancia del debate sobre la flexibilidad radica en que incide directamente sobre el tema de la eficiencia. El argumento de peso es que un sistema flexible tiene capacidad de adaptarse rápidamente a las circunstancias cambiantes de la vida económica y de satisfacer una gama más variada de necesidades individuales.

Una de las formas más usuales de plantear el tema de la flexibilidad entre los economistas neoclásicos lo constituye la flexibilidad de los salarios. En la práctica, se está haciendo referencia a tres modalidades distintas: variabilidad permanente de los salarios individuales para adecuarse a las condiciones de cada mercado particular, flexibilidad de los salarios a la baja frente a la caída de la demanda global y como medio para favorecer la adopción de técnicas intensivas en "trabajo" y, por último, propuestas genéricas de moderación salarial que se traducen en medidas como la eliminación de mecanismos de revisión automática de los salarios frente a alzas de precios o en aumentos salariales inferiores al crecimiento de la productividad.(24)

Recio señala que sólo en los dos primeros casos se puede hablar claramente de flexibilidad, propuestas que han sido criticadas en los supuestos en que se sustentan. El argumento frente a la variabilidad de los salarios se centra en señalar que los procesos de movilidad laboral son complejos y no pueden explicarse por una simple variable. Al mismo tiempo, se resalta que los aumentos salariales homogéneos fomentan un crecimiento de la productividad mientras que la aceptación de grandes diferencias salariales tiende a permitir la subsistencia de tecnologías y sistemas de organización obsoletos, gracias al mantenimiento de condiciones laborables inaceptables.

La reducción salarial parece asimismo inútil como medio de favorecer la vuelta a técnicas intensivas de trabajo. Una vez asentada una tecnología no se produce una "marcha atrás": la reducción de salarios provocaría más beneficios y no más empleo. Ello sin tener en cuenta los efectos depresivos que una caída salarial puede provocar sobre la demanda global.(25)

Muchos analistas no toman en cuenta las dos propuestas anteriores y se centran en la moderación salarial, alegando que ello puede permitir el bloqueo de la espiral inflacionaria o favorecer la acumulación de capital. "Cabe concluir, pues, que para alcanzar los objetivos perseguidos es indispensable frenar los costos laborales y, especialmente, moderar los salarios. Cada vez que se permite que los salarios reales crezcan con mayor rapidez que la productividad, aumenta, en términos generales, el paro. Sin embargo, esta moderación de los salarios no significa que los salarios reales deban permanecer estáticos y no progresar en el tiempo".(26)

Lo que es indudable es que la moderación salarial favorece una mayor obtención de beneficios. Siendo, sin embargo, dudoso que ello se traduzca en más empleo y bienestar, ya que mayores beneficios pueden traducirse en muchas cosas: más inversión, más consumo, más lujo, etc.

Es dudoso que un sistema más desigual sea más flexible. Apelar simplemente al éxito de países como Austria o Suecia, sin indicar el conjunto de aspectos institucionales y productivos que convergen en estos casos, es simplemente eludir el análisis riguroso. En resumen, la polémica sobre la flexibilidad de salarios o tiene importantes deficiencias metodológicas o apunta hacia otra problemática, constituyendo por tanto un falso debate. Lo que no quiere decir que pueda ser socialmente útil un debate a profundidad sobre la estructura salarial, pero ello forma parte de otra discusión.(27)

Otro aspecto importante de propuestas flexibilizadoras está orientado a liquidar una serie de mecanismos institucionales que tradicionalmente se han considerado favorables a la clase obrera. El tipo y profundidad de estas mutaciones varía de país a país, aunque globalmente se centran en tres aspectos: la regulación de la acción sindical, las formas de contratación laboral y el recorte de subsidios sociales. Múltiples estudios en Europa, como el realizado por Boyer,(28) muestran que el objetivo de tales medidas no es otro que mejorar la posición de fuerza del capital y propiciar una distribución más desigual de la riqueza. Las políticas de flexibilización contractual están en gran parte motivadas por el objetivo de diferenciar salarios y favorecer un mayor control sobre los trabajadores.(29) Sin embargo, no deja de ser curioso que en países como España (y México) se insista sobre la necesidad de flexibilizar el mercado laboral cuando la panoplia de formas de contratación es amplia y las tasas de rotación laboral son enormes. En este caso las llamadas a la flexibilidad son claramente formas encubiertas de presionar por el despido libre omitiendo el análisis de otros sistemas laborales como el norteamericano o japonés que incorporan importantes aspectos de rigidez sin dejar de ser eficaces. La flexibilidad no es, en este caso, más que una pantalla ideológica con la cual presionar a los trabajadores.(30)

El discurso flexibilizador de corte netamente antiobrero puede sin embargo calar socialmente, y de hecho lo está haciendo en referencia a dos problemáticas. Por una parte, presentando a las organizaciones y prácticas sindicales como enemigas de las necesidades de la sociedad.

Este discurso se apoya en el carácter defensivo que tienen muchas de las reivindicaciones y conquistas obreras en la sociedad donde las instituciones y las prácticas sociales niegan a los trabajadores poder para organizar la sociedad y para tomar las decisiones principales (nivel de inversión, tipo de inversión, etc.). En estos casos las estrategias de las clases dominantes pasan por contraponer los "intereses sociales" (y resaltar el discurso de la eficiencia y la flexibilidad) a los "intereses corporativos" de los trabajadores. No perder de vista este peligro de manipulación, y adoptar técnicas adecuadas para contraponerlas debe constituir un punto de reflexión para los estrategas sindicales.

La otra vía de justificación es el hecho de que muchos de los expedientes flexibilizadores requieren del empleo de una mano de obra precaria dispuesta a aceptar empleo inestable y poco retribuido. Se trata en este caso de justificar cínicamente las enormes desigualdades en aras de una abstracta eficiencia social.(31)

Sin embargo, más allá de las posibles maniobras tácticas de los empresarios, las crecientes demandas de flexibilización obedecen, en parte, a una serie de mutaciones del sistema capitalista. No se trata de fenómenos totalmente nuevos, pero su confluencia en un determinado momento genera una enorme presión sobre alguna de las pautas institucionales y organizativas de la época anterior.

Efectos de la flexibilidad y estrategia obrera

La segmentación y diferenciación laboral son resultado de políticas que combinan elementos diversos. El objetivo principal es la discriminación laboral, entendida como un proceso que permite a las empresas ofrecer condiciones de trabajo y retribuciones diferenciadas, en función de las posibilidades desiguales de organización y autoprotección que tienen distintos colectivos de trabajo. Pero no cabe duda que, al margen de estas prácticas, los expedientes flexibilizadores juegan también un papel importante.(32)

La importancia de las políticas de flexibilidad es doble. Por una parte, el simple hecho de exigir un gran número de puestos de trabajo eventuales, ocasionales, a tiempo parcial, da lugar al florecimiento de asalariados que deberán circular permanentemente entre el empleo y el paro, o cuyas retribuciones serán frecuentemente insuficientes para garantizar la subsistencia, dependiendo ésta del acceso a otras fuentes de ingresos (siendo la inserción en el grupo familiar la más importante). Pero, al mismo tiempo las demandas de flexibilidad permiten dar un contenido legitimador a los procesos de discriminación, confundiendo los términos del debate y presentándolos en todo momento como prácticas necesarias a la eficiencia social.

Uno de los aspectos más importantes de estas situaciones es el carácter "natural" con que se producen y que facilitan la aceptación por las grandes masas de individuos. A los trabajadores de muchas empresas se les presenta el dilema de aceptar las propuestas de flexibilización que desea la empresa o afrontar una política más drástica de la reconversión. En muchos casos esto se acepta porque se acaba reconociendo la necesidad "objetiva" de la medida para garantizar la supervivencia empresarial. Allí donde la organización obrera es fuerte, los obreros tienen la capacidad de desviar gran parte de los impactos negativos, hacia grupos de trabajadores externos al colectivo. Esto se traduce en la contratación de nuevos trabajadores a los que de forma creciente no sólo se les hace un contrato eventual sino que van a ser los más afectados por el trabajo nocturno o la subcontratación externa. Pero lo que es común es la aparición de un colectivo no protegido por las mismas fuerzas que permiten a los ya organizados defender su situación.(33)

Por lo antes expuesto, se puede percibir cómo bajo la capa de la flexibilidad se esconden problemas muy diversos, siendo en gran medida la cobertura propagandística a políticas que tratan de forzar el marco institucional en favor del capital. Pero, además, es indiscutible que existen cambios profundos en el funcionamiento del sistema económico que requieren una nueva adaptabilidad. Los problemas, en este último caso, surgen cuando se constata que las fórmulas adoptadas para hacerles frente conducen al aumento de las desigualdades laborales y a la segmentación de los trabajadores.

Por ello, para abordar el problema es necesario diferenciar la naturaleza de los requerimientos que exigen flexibilidad, ya que según sea la misma deberá adoptarse un tipo de actitud determinado. Una gran parte de las exigencias de flexibilidad tratan de dar respuesta o bien a los problemas de mal funcionamiento social de una determinada organización productiva o satisfacer las demandas de grupos privilegiados. En estos dos casos la actuación progresista debería encaminarse a eliminar los focos del problema, reducir el tratamiento de las respuestas flexibles a aquellos problemas que afectan a la mayoría de la población.

Existe una demanda patológica de flexibilidad que tiene su origen en el descontrolado proceso de internacionalización de las economías capitalistas, en las políticas empresariales de fomento al consumismo por medio de la diferenciación de productos, las políticas de modas y la amortización rápida del capital fijo y, por último, las necesidades de grupos particulares que se refuerzan por la existencia de procesos de mayor desigualdad distributiva.

Actuar frente a esas dinámicas es difícil, por cuanto constituyen las bases de funcionamiento de las economías capitalistas. Se trata de plantear la regulación (o el bloqueo, según sea el caso) del actual proceso de internacionalización, de introducir medidas de planificación y racionalización del consumo y la producción, y de potenciar una distribución más igualitaria de la riqueza. Evidentemente, un planteamiento que supera los límites aparentemente "técnicos" en que se gradúe la intensidad, la racionalidad de las estructuras básicas del poder, siempre es difícil. Pero no hacerlo conduce a aceptar como naturales la marginación y la miseria para amplias capas de la población y la aceptación de políticas que tienen como efecto un mayor despilfarro de recursos productivos.(34)

A corto plazo esta línea de acción difícilmente puede ir más allá de la "contestación" en el plano de las ideas. Pero sólo con una amplia y rigurosa labor de crítica y evaluación de estas políticas, de denuncia de las raíces estructurales que las provocan, podrá obtenerse un apoyo social que permita hacer frente a las políticas neoliberales en boga.

Es posible que en cualquier sociedad existan tensiones entre eficiencia y desigualdad. Pero es evidente que las trasformaciones que están experimentando las economías capitalistas están produciendo demandas de flexibilidad causantes de enormes desigualdades y que afectan a la conformación del mismo movimiento obrero y a la base social de la izquierda. Sin una labor paciente de análisis de cuáles son esas fuerzas, de denuncia de aquellas políticas que sólo buscan "parchar" las deficiencias globales del sistema para eludir trasformaciones radicales, de búsqueda de políticas alternativas que den satisfacción de flexibilidad de interés colectivo, va a ser difícil cambiar la tendencia actual. El reto es fuerte y exige reflexión y propuestas de acción audaces.(35)

En lo que respecta a la actuación de los trabajadores, dentro de la aplicación de las diferentes políticas laborales, la resistencia obrera juega un papel importante, aunque su capacidad de acción está institucionalmente limitada por las prerrogativas que tiene la propiedad capitalista. Los empresarios tienen un poder ejecutivo indiscutido sobre una serie de decisiones fundamentales: asignación de recursos (en qué procesos se invierte, con qué tecnología), organización empresarial, aplicación de sanciones. Esta potestad les confiere una enorme capacidad de iniciativa en las situaciones conflictivas y la posibilidad de bloquear la mayor parte de las actuaciones obreras que atenten de forma seria a su poder y sus beneficios. Pero la actuación de los trabajadores, aunque limitada, puede influenciar la configuración concreta de las relaciones laborales e, incluso, en fases concretas, llevar la iniciativa y alterar la inercia de muchas políticas empresariales.(36)

Globalmente, la acción de los trabajadores se ha dirigido a incrementar la regulación legal y contractual, al ser ésta la única instancia en la que institucionalmente podría actuar. En la mayor parte de los casos esta estrategia se ha traducido en la aparición y desarrollo de mercados internos de tipo industrial, en los cuales la acción obrera tiende a aumentar el grado de funcionamiento de estos mercados: normas de promoción, despidos, estructura salarial estable, etc. En algunos casos, se detecta incluso, la influencia de la acción obrera sobre la tecnología adoptada y la organización del trabajo.

Desde el punto de vista de los objetivos de los mercados internos tienen dos ventajas importantes. La más evidente es la introducción de garantías sobre la estabilidad en el empleo, la definición clara de los canales de promoción. La segunda se refiere a la reducción del margen de discrecionalidad de los empresarios como una forma de aumentar la autonomía y el poder obrero.

Sobre la situación de los trabajadores y la segmentación laboral, Sabel y Piore resaltan varios aspectos relevantes. Primero, la constatación de la pluralidad de la clase obrera. Pluralidad que tiene sus orígenes tanto en la diferencia de ambientes laborales como en el juego de instituciones extralaborales. Pluralidad que se refleja en las diferencias de expectativas, valores, formas de relación y tradiciones organizativas. La constatación de esta situación conduce a una conclusión política fundamental: cualquier estrategia trasformadora debe partir del hecho de que estas diferencias existen, de la idea de que una clase obrera homogénea puede ser útil para el análisis teórico, pero puede conducir a errores de apreciación importantes cuando se trata de intervenir en el mundo real. Esta constatación no implica la aceptación de la diversidad como un dato fijo, como un objetivo a mantener, sino como un condicionante básico de la acción.

Un segundo elemento a descartar es la importancia de las instituciones reproductoras de la fuerza de trabajo en la formación de actitudes. Toda la política laboral será insuficiente si no se plantea la actuación sobre las mismas. Romper los proyectos segmentadores del capital pasa no sólo por una lucha sindical inteligente, sino por intervenir en todos aquellos campos que fomenten la aceptación de la desigualdad, la jerarquización y la compartición de roles.(37)

Notas

1. "Propone Salinas un nuevo sindicalismo", en «La Jornada», 2 mayo 1990.


2. «La Jornada, 13 enero 1989.

3. C. Garrido, "El nuevo patrón de acumulación y la viabilidad del crecimiento", en «El cotidiano», núm. 29, mayo-junio 1989, p. 9.

4. «La Jornada», 3 abril 1989.

5. J. M. Valverde, presidente de la Canaco; J. Ocejo, presidente de la Coparmex, en «La Jornada», 19 mayo 1989.

6. E. de la Garza, "Desindustrialización y reconversión en México", en «El Cotidiano», núm. 21, enero-febrero 1988, p. 3.

7. «La Jornada», 13 abril 1989.

8. «La Jornada», 9 julio 1989.

9. «La Jornada», 29 junio 1989.

10. «La Jornada», 4 julio 1989.

11. E. de la Garza, "El movimiento obrero no ha respondido a los cambios", en «La Jornada», 4 mayo 1990.

12. E. de la Garza, en «El Cotidiano», núm. 21, op. cit.

13. A. Recio, "Trabajadores desiguales: segmentación de la clase obrera y estrategias laborales", en «Mientras tanto», núm. 28, Barcelona, 1987, p. 69.

14. Ibídem, p. 71.

15. Ibíd., p. 73.

16. Ibíd.

17. Ibíd., p. 74.

18. Ibíd., p. 75.

19. Ibíd.

20. Ibíd.

21. Ibíd., p. 76.

22. A. Recio, "Flexibilidad, eficiencia y desigualdad (notas sobre la flexibilidad laboral)", en «Sindicalismo, crisis y flexibilidad», Madrid: Siglo XXI, 1988, p. 81.

23. Ibíd., p. 82.

24. Ibíd., p. 85.

25. Ibíd.

26. OCDE, «La flexibilidad del mercado laboral». Madrid: Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, 1986, en Recio, p. 85.

27. A. Recio, ibíd., p. 86.

28. R. Boyer, «La flexibilidad del trabajo en Europa», Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, Madrid: 1986.

29. A. Recio, «Capitalismo y formas de contratación laboral», tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 1986, editada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

30. A. Recio, "Sindicalismo, crisis y flexibilidad", p. 88.

31. Ibíd., p. 89.

32. Ibíd., p. 99.

33. Ibíd., p. 100.

34. Ibíd., p. 102.

35. Ibíd., p. 105.

36. A. Recio, "Trabajadores desiguales: segmentación de la clase obrera y estrategias laborales", p. 77.

37. Ibíd., p. 84.